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Esto es lo que se espera que Apple anuncie la semana que viene en la WWDC

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Innovación

Esto es lo que se espera que Apple anuncie la semana que viene en la WWDC

La empresa planea una nueva interfaz para el uso simultáneo de apps en el iPad, con ms opciones a la hora de cambiar el tamaño de las ventanas de las diferentes aplicaciones en pantalla

Esto es lo que se espera que Apple anuncie la semana que viene en la WWDC
  • El último iPod As cambió la historia del marketing y convirtió a Apple en un gigante tecnológico
  • Empresas Apple aumenta sus beneficios un 14% en un año

Un año más, Apple está a punto de dar comienzo a su conferencia mundial de desarrolladores, un evento anual enfocado a los programadores de las diferentes plataformas de la compañía, pero en el que suele anunciar también nuevos productos y las novedades de sus diferentes sistemas operativos.

La cita, un año ms, ser virtual, aunque en este 2022 Apple permitir a algunos desarrolladores acudir presencialmente al Apple Park, su campus en la ciudad californiana de Cupertino, para ver el discurso inaugural y el nuevo centro para desarrolladores que la empresa ha construido en el recinto.

iPad con ventanas

WWDC es, ante todo, una conferencia centrada en el software, pero nuevas funciones en el sistema operativo pueden dar pistas de hacia donde se dirige la estrategia de los productos de la empresa.

Una apuesta que parece segura es que Apple aprovechar la conferencia para hacer la experiencia del iPad ms completa. Según Bloomberg, la empresa planea una nueva interfaz para el uso simultáneo de apps en la tableta, con ms opciones a la hora de cambiar el tamaño de las ventanas de las diferentes aplicaciones en pantalla.

El sistema operativo iOS, el que da vida a los iPhone, tendrá también algunas novedades, incluyendo una nueva pantalla de bloqueo. Los rumores apuntan a que una nueva función de los iPhone ms avanzados de este año ser la posibilidad de tener siempre encendida la pantalla para mostrar la hora o notificaciones, algo que ya hacen algunos teléfonos Android o el Apple Watch, pero que Apple aún no ha integrado en sus teléfonos.

La empresa también está lista para mostrar nuevos diseños de aplicaciones tanto en macOS -el sistema operativo de sus ordenadores- como en iOS

Nuevos Mac

Apple no siempre lanza nuevos dispositivos durante la WWDC, pero todo apunta a que este año si lo hará. Para mediados de año se esperan dos nuevos productos de hardware y este podrá ser el evento donde presentarlo.

Uno de ellos es una esperada renovación del MacBook Air, el portátil ms vendido de la compañía, y que será el embajador de la nueva generación de procesadores M2.

Apple anunció oficialmente el procesador M1 en noviembre de 2020, pero en la WWDC de ese año, celebrada en junio, ya avanza su intención de llevar sus propios procesadores basados en la arquitectura ARM a los Mac. La transición le ha salido muy bien, con una primera generación de máquinas que ha destacado por su gran potencia y su bajo consumo.

Además del Macbook Air, Apple podrá también presentar el primer Mac Pro equipado con los procesadores de la compañía -es el único equipo del catálogo actual que aun usa procesadores de Intel– o un nuevo modelo de Mac Mini ms potente.

Realidad virtual

La gran incógnita de este año es si Apple utilizar la WWDC para telegrafiar a los desarrolladores (o directamente anunciar al público en general) sus próximos pasos en realidad aumentada y realidad virtual.

Desde hace años se sabe que la empresa trabaja en unas gafas de realidad aumentada, capaces de superponer elementos digitales sobre el campo de visión. La primera generación de estas gafas podrá ver la luz a finales de este año o principios de 2023, según varios analistas.

Pero, si Apple finalmente se lanza a este mercado, necesitar tener juegos y aplicaciones listas para poder descargar en las nuevas gafas y eso quiere decir que debe poner en manos de sus desarrolladores las herramientas necesarias para crear buenas experiencias.

Hace unos meses, una empresa que podrá ser subsidiaria de Apple registro la marca RealityOS y el término ha aparecido también reverenciada en el código de algunas de sus plataformas. Hay altas probabilidades de que ese sea el nombre que acabe teniendo la plataforma de realidad aumentada de la empresa, que complementara a iOS, watchOS, iPad OS, tvOS y macOS y que podrá anunciarse formalmente la semana que viene.

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Innovación

¿Seremos inmortales en 2045? Esto es lo que la ciencia debe lograr para que podamos descargar nuestro cerebro en un más allá virtual


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La ilusión de una primera vez, la apatía de los domingos por la tarde, la belleza de un atardecer, los nervios antes de un examen, aquel viaje inesperado, un abrazo justo a tiempo… La vida son momentos, a veces especiales, otras intrascendentes, y en ocasiones vividos con tanta intensidad que quedan registrados en algún lugar de nuestro cerebro y forjan nuestra memoria, nuestra identidad y nuestra forma de entender (y afrontar) la vida.

Los recuerdos, incluso los amargos, son mejor que nada. Una manera de permanecer a través del tiempo y emociones a las que nos aferramos ante nuestro peor miedo: la muerte. La eterna encrucijada de querer ser lo que ya nunca podremos volver a ser, pero… ¿Y si pudiéramos seguir siéndolo? ¿y si pudiéramos vivir de nuevo todos esos recuerdos? ¿y si pudiéramos ser nosotros mismos otra vez pese a habernos despedido de nuestro cuerpo?

La inmortalidad nos suena a ciencia ficción, pero hay quien se ha atrevido a ponerle fecha: 2045. Es el plan del empresario y millonario ruso Dmitry Itskov, que defiende que en poco más de 20 años podremos soñar con una vida eterna en forma de avatares. El plan es descargar tu cerebro, hacer una copia digital y convertirla en una simulación por ordenador. Es decir, resucitar y vivir de nuevo en un servidor de datos. Antes de tachar a este emprendedor de loco, conviene decir que detrás hay un equipo de científicos dispuestos a intentarlo. El mismo horizonte vaticina Ray Kurzweil, director de Ingeniería de Google.

Hay incluso empresas que han nacido con este fin, como laestadounidense Nectome, fundada por graduados del MIT y con el soporte económico de la incubadora de Sillicon Valley Y Combinator. Su objetivo es preservar cerebros usando un proceso de embalsamamiento de alta tecnología para que en un futuro se pueda descargar la mente en un superordenador. Una oportunidad también para tener a nuestro alcance la sabiduría de generaciones anteriores.

La conservación de cerebros es un tema recurrente en el séptimo arte, la literatura futurista o las series de televisión. Una de las que mejor recoge el ideal de estos visionarios es Upload (Amazon Prime Video), que estrena su segunda temporada el 11 de marzo. Ambientada en el año 2033, cuenta la historia de un joven programador que sufre un accidente con su coche y, para no morir en quirófano, decide descargar su mente e insertarla en un entorno virtual que ha hecho posible la inmortalidad.

Puede que el transhumanismo corra el peligro de convertirse en una especie de religión tecnológica que se aproveche de nuestro miedo a morir, pero hay quien da por hecho que la inmortalidad llegará algún día (aunque sea muy lejano).

Tanto en la ficción como en la vida real, la parte más espeluznante del proceso -de momento- es que el embalsamamiento del cerebro es letal, pero este debe estar vivo, por lo que el plan solo es viable en el caso de muerte asistida en enfermos terminales. Y es en este punto es donde empiezan a saltar todas las alarmas.

El propio MIT, que en un principio aprobó financiar la investigación de Nectome, salió de la foto hace cuatro años con un comunicado. “La neurociencia no ha avanzado lo suficiente como para saber si algún método de preservación del cerebro es lo suficientemente potente como para preservar todos los tipos de biomoléculas relacionadas con la memoria y la mente. Tampoco se sabe si es posible recrear la conciencia de una persona”.

Pero precisamente es en la incertidumbre donde se escudan estas empresas. Lo que se cuece ahí arriba es igual de misterioso que el contenido de una caja negra. Así que, si el modo en el que trabaja nuestro cerebro es algo que la neurociencia todavía no ha podido explicar… ¿Por qué tachar algo de imposible?

Nuestro cerebro integra unas 86.000 millones de neuronas, células interconectadas y especializadas en la recepción de estímulos. Es el órgano que nos permite contemplar y tener conocimiento del mundo y de nosotros mismos a través de la consciencia, pero comprender su actividad mental a través de su estructura biológica sigue siendo un misterio. ¿La razón? Que cada cerebro es único, al igual que su forma de almacenar la información.

La fase inicial es un registro automático, pero no lo es su codificación posterior: de todo lo que sensorialmente somos capaces de captar, seleccionamos e interpretamos esa realidad de acuerdo con vivencias pasadas, ideas, creencias… En ese proceso que modula qué, cuánto y cómo recordamos, pueden influir incluso las horas de sueño o si la persona ha tenido un mal día.

“El cerebro es nuestra esencia. Ahí está todo. La abstracción, la imaginación, los pensamientos… Todo es producto del cerebro y sus circuitos y conexiones, pero cómo todo eso da lugar a ese proceso cognitivo es un misterio”, explica Javier de Felipe, neuroanatomista del Instituto Cajal del CSIC en Madrid y coordinador del programa Cajal Blue Brain, integrado en el Blue Brain Project, una iniciativa de origen suizo fundada por el profesor Henry Makram en 2005. El objetivo, partiendo del cerebro de un roedor y terminando en el humano, es elaborar el modelo digital más detallado hasta la fecha de la arquitectura y las funciones cerebrales.

¿SE PUEDEN CODIFICAR LAS EMOCIONES?

El primer reto está en mapear ese proceso y conocer exactamente cómo se llega de ese sustrato físico de células interconectadas a nuestro mundo mental, a nuestros sentimientos y nuestra memoria, porque son esas conexiones las que definen quienes somos. Pero, ¿es posible replicar la complejidad de un cerebro humano, es posible codificar la belleza, el amor, la tristeza, la intuición, la forma en la que disfrutas de un atardecer?

“Todo hombre es escultor de su propio cerebro, te vas adaptando a las nuevas circunstancias y generas nuevas conexiones, todo va cambiando. La información del cerebro es dinámica. ¿Cómo se guarda algo así?”, se pregunta De Felipe.

Según Randal Koene, director científico de la iniciativa del ruso Itskov, “el cerebro convierte las entradas de información y los datos sensoriales en respuestas, en nuestro comportamiento. Y lo hace por medio de la computación”. Ese es el punto de inicio de la teoría de la transferencia de cerebros a un superordenador.

“Nuestro cerebro es una máquina, sí, pero creada por la naturaleza. Es verdad que en la reconstrucción cerebral se ha avanzado mucho en muy poco tiempo, surgen tecnologías y técnicas que hace 20 años se pensaba que eran un sueño. Lo que era ciencia ficción hace dos décadas ahora es una realidad“, defiende De Felipe.

El problema es que los avances en este campo son lentos. El proyecto del conectoma humano se puede comparar con el del genoma humano, que se consiguió en 15 años, pero los neurocientíficos lo tienen algo más complicado que los genetistas, por el volumen de datos y porque casi todo lo que se sabe se basa principalmente en experimentos con animales.

El laboratorio del neuroanatomista De Felipe es uno de los pocos donde se están estudiando a nivel micro estructural las neuronas del cerebro, la sinapsis… Ahora mismo están reconstruyendo el cerebro de un ratón y en unas semanas viaja a Suiza, donde están empezando a reconstruir un circuito cortical humano basándose en datos de autopsias, modelos matemáticos y simulaciones que van reproduciendo en un circuito in silico.

“La columna cortical es una unidad de funcionamiento de la corteza cerebral de apenas 3 milímetros de largo por 1 mm de ancho, y hay miles en el cerebro”, explica Manuel Martín-Loeches, catedrático de Psicobiología y responsable de la Sección de Neurociencia Cognitiva del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos. “Puede que muchas de las conexiones sean prescindibles o redundantes y que una buena simulación de un cerebro no necesite todas, pero estamos muy lejos de conseguir meter la totalidad mínimamente necesaria de un cerebro en un ordenador, aún no existe un soporte suficiente para tanto dato. Puede ser factible tener los recuerdos de una persona o su sabiduría en un ordenador, pero es algo lejano”, añade.

Abordar la investigación de forma interdisciplinar es clave, al igual que compartir datos a nivel global. Así, no es casual que firmas como IBM estén muy presentes en proyectos como el Blue Brain, activo en varios países europeos. Hace falta un poder de computación enorme, al igual que la suma de otras disciplinas: ingenieros que trabajan con imágenes, matemáticos, expertos en fisiología, anatomistas…

Pero aún resolviendo todos estos retos, ¿podríamos despertarnos en un mundo virtual y sentirnos nosotros mismos? Algunos de los mayores investigadores en el campo de la consciencia, como Christof Koch, defienden que si internet fuera todavía más complejo podría generar procesos conscientes.

“Hay que tener en cuenta que nuestro cerebro está dentro de un cuerpo con el que se comunica. Un cerebro aislado… ¿Cómo va a funcionar? Le faltaría toda la información sensorial, visual… Puedes poner electrodos en la corteza visual y generar imágenes o recuerdos mediante estímulos, pero no estarías en tu entorno natural”, opina de Felipe.

CÓMO RESERVAR TU ‘PLAZA’ EN LA NUBE

Desde la empresa española de neurotecnología Bitbrain señalan que si el objetivo es poder descargar tu cerebro en otro sistema para seguir viviendo al margen de tu cuerpo, la experiencia sería decepcionante. “No serías capaz de experimentar el mundo de la misma forma y seguramente acabarías teniendo serias dudas del significado de toda la información almacenada de tu yo anterior. El cerebro es una parte fundamental de nuestro yo, pero no es lo único que nos hace ser lo que somos. La persona que volvería a vivir no sería la misma“.

Muchos etiquetan el trabajo de firmas como la de Nectome de fenómeno comercial, parecido a la criogenización de cadáveres con el fin de resucitarlos en un futuro, algo que se lleva ofreciendo décadas en el mercado sin que se hayan solucionado muchos de los daños que la propia técnica produce en los tejidos.

“En un mundo capitalista a veces quizás un tanto desbocado, muchas cosas sirven para hacer negocio sin que el cliente realmente se lleve nada a cambio, y este podría ser el caso. Es verdad que los objetivos y las consecuencias a largo plazo de muchos de estos negocios pueden ser muy beneficiosos para la humanidad. El mundo funciona así”, concluye Martín-Loeches.

También habría mucho que decir sobre el dilema ético que supondría meterse en la mente de una persona. ¿Habrá ley de protección de datos capaz de proteger algo así?

De momento, en la lista de espera de Nectome ya hay 25 personas que han reservado su plaza en el más allá virtual por el módico precio de 10.000 dólares. Suponemos que reembolsables llegado el caso, claro.

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